Les agradezco en lo más profundo de mi alma que me hayan invitado a sus eventos. Soy cursi y Susanita por convicción y me encantan las bodas. Espero algún día ocupar el lugar de ustedes. Pero mientras eso no sucede paso lista de esos detalles que jamás les diré en sus carotas pero que no soy la única que los encuentra un poco raros, molestos, pena ajena… en fin. Va el conteo para ese otro mar de novias caraqueñas que están planificando su gran día con el año previsto de anticipación. Advierto, estas son las diez cosas que no me gustaría ver en sus bodas (y estoy segura de que más de uno coincidirá conmigo)
1. Cortejos kilométricos
Uno, no, no es verdad, no tienes 36 amigos. De esos, sólo la cuarta parte te ayudaría en caso de alguna dificultad. Los demás son gente chévere, conocidos, primitas gordas que tuviste que poner porque su mamá te hizo los centros de mesa; etc. Y ahí están. 17 parejas. 17 niñas con un vestido horrible, que no se volverán a poner más nunca en su vida y que la tela y la costura son de tan mala calidad que dan ganas de llorar. ¿Cómo esperabas que tal producción en masa saliera bien? Además, ver entrar a tu desfile de pantallería popularidad con el compás del Canon de Pachelbel no sólo es demasiado cursi hasta para una boda, también es aburrido. Hay algo en esa cuadrilla de quinceañeros que nunca me ha terminado de encajar y ese sectarismo de la boda entre “cortejo” y el resto de la plebe tampoco me da nota.
2. Tu look recargado
Novia, por favor, no te pongas 400 telas diferentes con cristales, perlas, metras, tul y encajes en donde francamente, al final nos cuesta encontrar tu cara. Nada de maquillarse como un transfor, que se trata de tu boda y no del Miss Venezuela. Entrar con la cara tapada no me parece romántico; me parece un poco creepy eso de ver a todos tus invitados a través de un mosquitero. Y la cola, linda al entrar a la iglesia pero quítatela al llegar a la fiesta que me da dolor observar tus vanos esfuerzos por bailar un poco y disfrutar tu matrimonio detrás de esa maraña de tela.
3. La feria de comida
Entiendo que quieres que tus invitados se vayan con el estómago bien lleno; sea porque tienes la plata, porque quieres que estén bien atendidos o porque no quieres que se alimenten sólo de alcohol y den un espectáculo en frente de tus abuelitos. Muy bien. Pero que tu boda tenga la estación de ceviche, la de sushi, la de pastas, la de jamón serrano, la de carnes, la “tai” más la mesa de dulces, estación de chocolate caliente, estación de fresas con crema, estación de helados y estación de café; sin contar el par de estaciones de desayuno que montan a eso de las 5 es un poco… too much. Vine a tu boda, no a la feria del Sambil ni a la verbena del San Ignacio. Gracias.
4. La sesión eterna de fotos
A ver si entendí, ¿tus papás se están endeudando de por vida para hacer una fiesta por tu matrimonio que sólo disfrutarás a partir de las 12 de la noche?. De verdad, ¿Cuántas fotos necesitas? La mitad de esas poses cursis, extrañas, ridículas y para nada naturales que les está obligando a ejecutar el fotógrafo para justificar sus honorarios no sirven de nada. Créeme que he ido a muchas bodas y lo sé. Si acaso una terminará en un portarretratos en la casa de tu suegra. Por otro lado, puedo entender que seas extraterrestre y que prefieras tomarte fotos cursis en lugar disfrutar tu fiesta; pero haznos un favor y pausa la sesión de fotos, baja con tu flamante recién adquirido maridito y abre la pista de baile; o por lo menos el buffet… que por tus fotitos todos estamos hartos de la champaña y el jazz niche de fondo. ¡Reclamamos nuestro derecho a aprovechar esa mega orquesta que te gastaste y bailarla como se debe!
5. Menú: Lomito con papas fritas
Así me digan el nombre francés del plato en cuestión para que me suene más sifrino, más “gourmet”; la verdad es que sigue siendo eso: carne con papas fritas. A veces le agregan un gratén y/o una salsa de hongos. Al principio era original y me lo tripeaba, a la décimo tercera boda que fui se me hizo como ir a un Mc Donals: no importa dónde sea la boda; siempre que esté Festejos Mar comerás exactamente lo mismo. Y comer papas fritas me pega con un partido, un día playero, hasta una parrilla pero… ¿una boda?
6. Que no haya maracuchitos en el gran evento
Maracuchito: dícese del pasapalo que consiste en un trozo de plátano frito con queso blanco acomodado en un palillo, favorito de quien escribe. Son contadas las bodas en las que lo he visto y es tan pero TAN BUENO!!!. Queridas novias: ¿Qué les pasa? ¿Por qué no me hacen feliz y piden maracuchitos? ¿Por qué tengo que morir con las mismas tartaleticas de ajoporro?
7. La música WAY -TOO - LOUD
¿Por qué a kilómetros de la pista tengo que seguir escuchando la música? ¿Por qué no puedo ni criticar los vestidos con mis amigas? ¿Por qué tengo que ver a todos los viejos adultos mayores con caras largas y amargadas, especialmente los que pagaron la fiesta? ¿Por qué al bailar sólo escucho el bajo retumbando en los oídos y no distingo las voces de los cantantes? ¿Es que todos los dueños de orquestas e ingenieros de sonido se quedaron sordos? Yo sé que mi actitud no es de CASI adulta, es de vieja. Pero me vale.
8. Los discursos
Menos mal que este asunto de los discursos ocurre más en gringolandia que por estos lares pero ha estado ocurriendo en una que otra boda caraqueña reciente y comienza a preocuparme. No me importa si tu papá es poeta, si tu novio es un filósofo lindo o si el padrino es el Andrés López de este lado de la frontera. Los discursos en las bodas siempre han dado, dan y darán, pena ajena. A mí me dan tanta pena ajena que cuando comienzan mi novio ya sabe que he huido al baño para ahorrarme la tortura de escucharlos. Entiendo la emergencia que tienes por hacerle notar a todos lo querida que eres, ya nos dimos cuenta al calarnos tu cortejo kilométrico pero niña, de verdad, esas cosas se dicen en privado (y si acaso, porque otras tantas es mejor no decirlas).
9. El gentío
Yo sé que tienes mucho dinero. Yo sé que te conoces a media Caracas. Yo sé que querías rendir compromisos e invitar a Raimundo y todo el mundo a la boda del año. Pero si la Esmeralda no te es suficiente, mejor haz la boda en dos partes o mándanos a todos a tu hato en Apure a bailar arpa. Voy a tu matrimonio porque me importas, o porque me tripeo la fiesta y me da curiosidad ver tu vestido. Como sea, pero el punto es que hice el esfuerzo de ir, de alisar mis rulos imposibles, de ponerme tacones que se ponen incómodos después del tercer set, de planchar el vestido, de seleccionar las joyas (casi siempre de mi madre) y cuidarlas con especial nerviosismo y; para colmo, de darte un regalo (porque en eso sí soy cumplida, así sólo sea un plato de la vajilla que escogiste en Iskya, algo regalo). Llego a tu boda y no tengo donde sentarme, tengo que hacer una cola kilométrica para pedir una bebida o servirme algo de comer y si se me ocurre a bailar, debo hacerlo en un solo círculo cuyo radio no supere la talla de zapato de mi novio, tropezándome con todo el mundo. Amiga, that’s rude. Cuando te dicen que el salón tiene capacidad para tantos, no invites al doble.
Y no podía faltar...
10. El paparazzi
Son las 3 y media de la mañana, ya pasó la hora loca, el cotillón y todo lo demás y nos están botando de la fiesta con una salsita sabrosa. Como yo no perdono la salsa y aunque la bailo malísimo mi novio siempre tiene la paciencia de bailarla conmigo, salto a la pista. Y así en mi nota pseudos romántica, con mi cabeza medio dando vueltas porque después de dos Cuba Libre ya estoy medio zarataca (no me juzguen, poca masa corporal, poca tolerancia al alcohol); me ilumina la luz del juicio en toda mi cara y permanece durante todo el coro de “Decisiones” porque “los novios quieren tener un registro en vídeo de los invitados a la boda”. Perdonen pero ¡su madre! – Interrumpen mi nota romántica, me sacan mi nota zarataca de una con el bombillo y me cohíbo de bailar porque sé que bailo pésimo y no quiero aparecer dando la vuelta hacia el otro lado o pisando a mi novio en el video. Si ya me calé el paparazzi en la hora loca, tengan compasión y mándenlo a su casa. Ver los ojos desorbitados de todos y las corbatas torcidas no es el recuerdo más lindo de tu boda.
IMAGEN TOMADA DE AQUÍ. No quiero robar derechos de nadie ni nada pues..
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